SER ARQUITECTO. Vivimos tiempos en los que parece que hay que pedir perdón por ser arquitecto. Se han hecho muchas locuras con la excusa de la construcción y hay mucho ego desbocado entre los arquitectos; pero eso, siendo cierto, no es la representación de esta profesión. A su vez, parece que con las dificultades que sufre nuestro gremio, querer ser arquitectos es cosa de locos. Puede ser, pero ¡qué hubiera sido de la humanidad sin los locos! Porque esta profesión, pese a quien pese, es la profesión de los sueños, de la esperanza y de construir las ilusiones. De ver en los ojos de los clientes la ilusión de un proyecto de vida, y ser capaces de sacarlo fuera, para que pueda bajar a tierra y hacerse realidad tangible. Somos acompañantes, facilitadores y ayudamos a que, cuando la arquitectura se materializa, este mundo sea un poco menos hostil. La arquitectura tiene que ver con la esencia de las cosas, con lo más nuclear de nuestra propia existencia. Antes de nacer conocemos un ...